10 PASOS PARA GESTIONAR REUNIONES PRÁCTICAS Y AMENAS

10 PASOS PARA GESTIONAR REUNIONES PRÁCTICAS Y AMENAS

Todos hemos asistido alguna vez a reuniones que no tenían mucho sentido. En ocasiones no estaba bien organizada, el tema no tenía nada que ver conmigo o el mensaje se podía haber transmitido de otra forma.

Como colaborador, te invade una sensación de indiferencia que te desmotiva y te aleja de la postura que está adoptando tu superior en la reunión. Tarcila Shinno lo ha representado a la perfección en este gráfico:

Y es que… No hay nada peor que perder el tiempo pues el coste de oportunidad es irrecuperable y la productividad se resiente.

Para que esto no ocurra, te invitamos a reflexionar sobre este tema y te damos unos sencillos tips con el doble objetivo de ayudarte a mejorar la comunicación con tu equipo y ser mejor líder.

1- Analiza si la reunión es realmente necesaria.

¿El tema es tan importante? ¿Podría resolverlo sin necesidad de convocar una reunión? ¿Qué motivo tengo para finalmente hacerla?

Hazte estas preguntas antes de empezar el proceso de convocatoria pues quizá sería más apropiado y cómodo enviar un email o reunirte de manera informal con la persona implicada.
Pero ¡ojo! No debemos usar el email para todo. Si el tema es relevante, debe hacerse una reunión para darle la importancia que se merece.

2- Define el objetivo, prepara el orden del día y comunícalo por adelantado.

A nadie le gusta asistir a una charla sin saber de antemano cuál es su finalidad o en qué consiste. Para evitarlo, lo primero de todo es tener claro qué quieres conseguir y planificar el contenido de tu ponencia.

Una vez tengas esto desarrollado, comunícalo junto con el día y la hora de la cita.
Y es que… si quieres conseguir la máxima atención de tu equipo, debes crear antes expectación e interés.

3- Elimina cualquier obstáculo.

Cuanto más grande sea el equipo, la probabilidad de que haya algún impedimento o surjan imprevistos será mayor. Asúmelo desde el principio y facilita la interacción proponiendo soluciones de manera proactiva.

Por ejemplo, para los que no puedan asistir, prepara el acceso en remoto vía digital o telefónica.

Además, plantéate si es necesario que estén todos presentes en tiempo real o si, por el contrario, podrían ver el contenido de la reunión en diferido.

4- Elige el espacio adecuado.

Lo ideal es reservar un recinto lo más aislado posible para evitar ruidos o distracciones y crear un entorno agradable, acogedor y con todas las comodidades al alcance de todos.
Pero esto no siempre es así. Quizá sea la mejor atmósfera para una charla formal o un evento relevante, pero quedará demasiado recargado si lo que buscas es una reunión rápida y ligera.

Debes ser flexible, analizar el contexto particular y hacerla en “el pasillo” cuando se trata de un tema más informal o en una sala con sillas altas para trasmitir esa agilidad que buscas.

5- Sé puntual y lo más breve posible.

Esa estrategia de hacer esperar a los demás para generar expectación, hace tiempo que se quedó desfasada.

Si has prometido que el acontecimiento empezará a una hora concreta, cúmplelo. A nadie le gusta esperar y se lo tomarán como una falta de respeto si el retraso no está justificado.
Lo mismo ocurre con la longitud del contenido. Si te extiendes en tu intervención, que sea porque estás explicando algo en detalle y no por el simple capricho de querer alargarla para sentirte importante o querer que las personas permanezcan más tiempo en el trabajo.

6- Lidera la reunión desde el ejemplo.

Si estás transmitiendo algo importante, sé tú el primero en darle la entonación y empuje adecuados.

El lenguaje no verbal habla más que tus palabras. Si no hay pasión o no estás realmente convencido sobre lo que estás diciendo, tu equipo lo notará.

Por tanto, trabaja la parte no racional de tu discurso para manejar tus gestos y tu lenguaje corporal de manera correcta.

7- Utiliza contenido audiovisual y genera emociones.

Intenta complementar tu intervención con videos o imágenes ilustrativas para romper con la monotonía.

A veces una simple foto de ese gran cliente que visitaste hace una semana, una imagen de las instalaciones o del equipo al completo, es más fuerte que cualquier hecho o palabra.
Por este motivo, debes tener en cuenta también el factor emocional en tu discurso.

8- Cumple con el orden del día para evitar desviaciones.

Cada persona es un mundo y te vas a encontrar todo tipo de perfiles. El hablador te querrá interrumpir constantemente. El incrédulo cuestionará tus comentarios. El popular querrá robarte protagonismo…

Cuando esto ocurra, cíñete al orden del día y modera la reunión para avanzar. Es de vital importancia no entrar al trapo ante según qué comentarios, irse por las ramas o meterse en jardines que no vienen a cuento.

Si es necesario, recuérdales que hay un turno de comentarios y preguntas tras finalizar tu exposición. Así conseguirás avanzar rápidamente y llevarás el timón del barco en todo momento.

9- Conclusiones y resolución de dudas.

Ahora sí. Es el momento de escuchar a tu equipo porque… Esto no es un monologo. Sé humilde, pide feedback y haz un repaso del contenido para sacar las principales conclusiones.
Aprovecha este momento para darles unas pinceladas sobre próximos hitos a seguir tras la reunión y objetivos individuales si es necesario.

10- La reunión ha terminado, pero no su alcance.

Entrega por escrito un resumen de la reunión y esos nuevos objetivos (ahora más detallados) para tratar en la siguiente reunión. De esta forma las reuniones posteriores quedarán enlazadas unas con otras y te resultará más fácil hacer seguimiento.

Como ves, es cuestión de poner en marcha un método y llevar cierto orden para que tu equipo te preste atención, participe y decida seguirte.

Mejor así, ¿no crees? Cuéntanos tu experiencia… ¡Estaremos encantados de ayudarte!

10 CONSEJOS PARA RESOLVER CONFLICTOS EN EL TRABAJO

10 CONSEJOS PARA RESOLVER CONFLICTOS EN EL TRABAJO

La mayoría de los conflictos suceden por malentendidos. Por regla general, lo normal es trabajar con personas que van a actuar de buena fe, que persiguen tus mismos intereses y que buscan un buen ambiente de trabajo.

Sin embargo, debes tener en cuenta que cada persona es diferente y cada uno tiene sus creencias, su personalidad y su actitud. Algunos serán más alegres, otros reservados, otros más dicharacheros… Y no solo eso, el estado de ánimo también fluctúa.

Cada persona es un mundo y cómo líder debes identificar las fricciones que vayan surgiendo entre los integrantes de tu equipo, así como también debes asumir que tu forma de relacionarte no va a gustar a todos por igual. Por eso, en ocasiones surgirán conflictos que deberás gestionar adecuadamente.

Por tanto, para que esa interacción sea lo más fructífera y llevadera posible, aquí te damos algunas recomendaciones:

1- Define el problema.

¿Qué es lo que no está funcionando? Formula esta pregunta y escucha las respuestas de las personas implicadas. De esta forma estarás entendiendo mejor el porqué y estarás poniéndote en contexto.

2- Identifica la raíz del problema.

¿Por qué ha ocurrido? Analizar las causas te permitirá saber si solo es cuestión de resolver una interpretación errónea o se trata de algo más profundo y complejo.

3- Define el grado de importancia y si es crítico, resuélvelo cuanto antes.

No hacer nada, no es una opción. Siempre debes intervenir, de lo contrario el problema irá minando cada vez más a la persona implicada, después trasladará su malestar al equipo y finalmente afectará a la empresa porque bajará la productividad.

No obstante, hay momentos en los que es conveniente resolverlo en mismo instante en el que ocurre, por ejemplo, cuando se desacredita tu trabajo delante del equipo. En este caso, tendrás que defenderte ipso facto para atajar el problema cuanto antes.

4- Si no es crítico, evita resolverlo en caliente.

Actuar en el momento en que ocurre puede resultar violento porque posiblemente nos invada una ira irracional que nos lleve a hablar con malas formas y no nos deje expresar lo que realmente queremos decir.

Por eso, en la mayoría de los casos, lo mejor es dejar pasar al menos un día con el objetivo de tratarlo a la jornada siguiente y darle un enfoque más constructivo.

5- Planifica lo que vas a decir e intenta no improvisar.

Ya que has decidido tratar el conflicto mañana, aprovecha para ordenar tus ideas. Escríbelas si hace falta para que no se quede nada en el tintero.

Esto es muy inteligente porque te permite reflexionar primero para después plasmarlo sobre el papel y hacer un listado (de pros y contras, ventajas e inconvenientes…) o recopilar datos que sustenten tu argumentación.

6- Háblalo cara a cara.

En ocasiones queremos resolver el problema, pero nos da miedo la reacción de la otra persona y decidimos decírselo por email para ocultarnos tras la pantalla del ordenador.

Esta es una forma fácil de actuar, pero denota falta de compromiso y marca una distancia que no queremos tener con la otra persona.

Hablando se entiende la gente. Recuerda que trabajáis juntos, os veis todos los días y por eso debéis acercar vuestras posturas en una reunión formal o bien con una simple charla en el pasillo.

7- Adopta una postura integradora, correcta y asertiva.

A nadie le gusta discutir ni utilizar un tono hostil. Hay técnicas que te ayudarán a no estar tenso, como por ejemplo imaginar que estás en tu lugar de relax habitual (la playa, por ejemplo) o pensar en una persona que sea un modelo a seguir para ti en cuanto a templanza y firmeza en este tipo de situaciones.

Empatiza con la otra persona y trata de escucharle para entender su punto de vista. Toma notas si es necesario para que sienta que se tiene en cuenta su opinión sobre el tema y vea que te tomas en serio su opinión.

8- Resuélvelo con la persona afectada, no metas a más personas en la ecuación.

A veces es muy cómodo contarle a otros el problema que has tenido con una persona en concreto. Quizá busque desahogarse con sus compañeros o incluso quiera contarte a ti (el jefe) el problema para culpabilizar a esa persona aprovechando que no se puede defender.

Es un recurso muy fácil y comúnmente utilizado. Si tú como líder detectas este comportamiento, no lo permitas. Al contrario, fomenta que hablen las personas en cuestión evitando el juicio de terceros.

9- Separa a la persona del comportamiento, no lo tomes como algo personal.

El problema es la reacción que está teniendo esa persona, no la persona per se. Es decir, si usas palabras que juzgan a la persona (eres demasiado perfeccionista, no escuchas, eres egoísta…), tu colaborador se sentirá atacado y se pondrá a la defensiva.

En vez de eso, juzga el hecho (no es necesario dejarlo perfecto, debe prevalecer la comunicación entre vosotros, tenemos que trabajar en equipo…) para llegar a un entendimiento.

10- Busca las alternativas que puedan solucionar el problema y elige la opción que más os favorezca a todos.

Debes pensar en lo que es bueno para el grupo y anteponerlo a cualquier interés particular e individual.

Siempre tenemos más cercanía y afinidad con unas personas que con otras. Pero como líder, no debes dejarte llevar por tus sentimientos ni aplicar ningún tipo de favoritismo. Ser imparcial te llevará a dar con la solución más acertada.

Como ves, la resolución de conflictos no es una tarea fácil. Para que sea efectiva, aplica tus dotes de liderazgo y una buena dosis de inteligencia emocional. Ya verás como conseguirás dominarla con paciencia y práctica.

 

 

Y tú, ¿nos cuentas cómo resuelves este tipo de fricciones en tu empresa?

CÓMO LIDERAR UN EQUIPO DE ALTO RENDIMIENTO

CÓMO LIDERAR UN EQUIPO DE ALTO RENDIMIENTO

Tu negocio está creciendo y necesitas incorporar personal, pero… ¡ojo! No vale gestionar un equipo de cualquier manera. Cómo te relaciones con ellos, marcará la diferencia.

Según un reciente estudio realizado por InfoJobs (1), los trabajadores españoles buscan que se reconozca su esfuerzo, que les feliciten por su trabajo, que la persona responsable sepa reconocer sus logros, que sea honesto y confiable, que tenga empatía, que sepa trabajar en equipo, que delegue y confíe, entre otros.

Para conseguir que tu equipo te siga, debes ser un líder inspirador y eso sólo lo conseguirás comportándote de esta manera. Dar ejemplo también es clave para transmitirles que su trabajo diario tiene sentido y que es determinante para el crecimiento del negocio.
Además de esto, debes saber que cada persona es diferente. Busca siempre la diversidad y la complementariedad en las cualidades de tu equipo pues las debilidades de una persona las suplirá las fortalezas de otra.

¿Has oído hablar del color de las personas? El cuestionario HBDI (2), es un test muy específico que sirve para determinar cómo es cada miembro de tu equipo.

Con este cuestionario puedes saber si una persona es de color azul, es decir, una persona orientada a los números, analítica, que disfruta haciendo trabajo administrativo o incluso obteniendo KPIs para medir el desempeño. Es el color de los Managers y Directivos.

O quizá podía ser verde. A una persona de este color le encanta planificar y no le gusta la improvisación. Es muy organizada y metódica. Es el color de los jefes de proyecto o los contables, por ejemplo.

En el color rojo, estarán las personas sociables. Se dejan llevar por la emoción, empatizan fácilmente con los demás, son muy habladores y se preocupan por las personas. Aquí encontraremos a los vendedores.

Por último, el amarillo. El color de los creativos, los que proponen ideas para mejorar o los apasionados por la innovación. Los profesionales del área de marketing serán de este color.
Sin embargo, no siempre estamos ubicados claramente en un color determinado. Podemos tener comportamientos de varios colores llegando a ser personas multidominantes. Además, todas las personas pueden llegar a ser Managers con la formación adecuada.

Te contamos todo esto porque si sabes de qué color es cada miembro de tu equipo, tendrás más posibilidades de dirigirlo con éxito. Porque sabrás en qué destaca cada uno, cuál es su personalidad, valores, actitud o qué es lo que le motiva a la hora de trabajar y podrás asignarle tareas específicas en las que rendirá más porque estará más contento.

También podrás dar feedback de manera distinta a los miembros del equipo según su color porque sabrás utilizar las palabras y estilo adecuado en cada caso con el objetivo de que interioricen mejor la información.

Con la persona de color azul, debes ser directo pues odia los rodeos y los mensajes ambiguos. Alguien de color verde preferirá que le traslades la información punto por punto, si puede ser por escrito y en una reunión formal previamente agendada. Los rojos quieren cercanía y delicadeza. Y los amarillos querrán participar en el proceso de feedback, por tanto, deberás dejar el mensaje abierto para que él mismo encuentre el resultado.

No obstante, una cosa es conocer bien a los integrantes de tu equipo y otra muy distinta es creer que les conoces bien. No debes prejuzgar ni poner una etiqueta a alguien siguiendo tus propios juicios o creencias porque esto hará que su desempeño no sea el adecuado.

Este planteamiento viene respaldado por la teoría X e Y de Douglas McGregor (3) que señala que el comportamiento del líder depende en gran medida de la visión que tenga de las personas e identificó dos posiciones extremas:

Supuestos de la Teoría X

  • En general, las personas trabajan lo menos posible.
  • Carecen de ambición.
  • Evitan las responsabilidades.
  • Prefieren que les manden.
  • Se resisten a los cambios.
  • Son crédulas y están mal informadas.
  • Harían muy poco los la empresa si no fuera por la dirección.

Supuestos de la Teoría Y

  • En general, las personas consideran el trabajo natural como el juego.
  • Se auto-dirigen hacia la consecución de los objetivos que se les confían.
  • En ciertas condiciones, busca responsabilidades.
  • Tienen imaginación y creatividad.
    Sienten motivación y desean perfeccionarse.
  • Asumen los objetivos de la empresa si reciben compensaciones por lograrlo.

McGregor señaló que la visión que el líder tiene de sus subordinados influye en el comportamiento de éstos. Es decir, aunque en principio esa creencia sea equivocada, se convierte en una realidad. O, en otras palabras, si un líder piensa que sus trabajadores son como los describe la teoría X, utilizará un estilo de liderazgo autoritario y, tras un periodo de tiempo, los empleados se rebelarán evitando responsabilidades, trabajando lo menos posible, y, en definitiva, asumiendo las conductas señaladas en la teoría X.

Por el contrario, si el líder estima que sus trabajadores son como los describe la teoría Y, entonces empleará un estilo más democrático, motivará a los empleados, les dará responsabilidades, delegará tareas, fomentará la cooperación, les otorgará autoridad y autonomía y… tras un periodo de tiempo, sus subordinados responderán con madurez, responsabilidad y gusto por el trabajo.

Como ves, la gestión de personas no es fácil y requiere disponer de muchas habilidades blandas para conseguir dominar esta área. El desarrollo de las habilidades blandas (soft skills) está a tu alcance. Pueden ser aprendidas y entrenadas.
Algo que te ayudará siempre es actuar con respeto y la confianza, pues son la base para poder relacionarnos. Así conseguirás relaciones efectivas.

 

Y tú, ¿buscas un equipo de alto rendimiento?

 

2 The Herrmann Brain Dominance Instrument. Cerebro Completo de Ned Herrmann.

3 Pérez Gorostegui, Eduardo: Introducción a la Economía de la Empresa. Editorial Ramón Areces. Madrid, 2006. Capítulo 2: El proceso de Dirección de la Empresa. Página 41.

10 CLAVES PARA CONSEGUIR TU VENTAJA COMPETITIVA

10 CLAVES PARA CONSEGUIR TU VENTAJA COMPETITIVA

Ha llegado el momento. Has sentido la llamada del emprendimiento o ya emprendiste hace tiempo pero no va como tú esperabas y no sabes por dónde empezar…

Tranquilidad. Esto nos ha pasado a todos. Por eso, queremos compartir contigo algunas pautas para ayudarte en este camino tan incierto, para empezar o para replantear tu negocio.

  1. Estudiar y validar.
  2. Identidad Corporativa.
  3. Planificación.
  4. Visión global
  5. Reparto de roles y tareas.
  6. Ejecución responsable.
  7. Visión a largo plazo.
  8. El cliente.
  9. Mejora continua.
  10. Las personas.

 

1. Estudiar y validar.

Siempre, siempre, siempre debes analizar antes de actuar. Ten en cuenta aspectos externos como las necesidades de tus futuros clientes, competencia cercana, intermediarios, legislación, indicadores de tu sector concreto, etc…

Valorar todos estos aspectos te dará pistas sobre las oportunidades existentes en el mercado con el objetivo de que pongas en marcha un negocio diferente al de tu competencia.

Se trata de detectar unas necesidades del consumidor que no están cubiertas y un espacio en el que apenas hay competencia para que tu proyecto pueda despegar siendo único en el mercado.

Gracias a esto, te estarás posicionando en un nicho concreto, con un tipo de cliente específico y con una propuesta de valor con mayores garantías de éxito.

Para definir esa propuesta, ahora debes analizar aspectos internos. Hazte las siguientes preguntas: ¿Qué va a ser lo realmente característico del producto o servicio que comercializas? ¿el precio? ¿su alta calidad? ¿el hecho de que está fabricando en España? ¿la excelencia en la gestión con los clientes? ¿la profesionalidad de tus trabajadores? ¿que es responsable con el medio ambiente? ¿el modelo de negocio en su conjunto?

Tu propuesta de valor tiene que ver con los beneficios que van a obtener tus clientes potenciales y la confianza que consigues transmitirles para que finalmente decidan comprarte. Desde ThePowerMBA1 explican a la perfección este concepto en uno de sus artículos.

Y, el último paso sería valorar si la idea que estás analizando es viable a nivel operativo y si sería rentable de manera sostenida en el tiempo.

Un plan de negocio bien elaborado y lanzar primero una mínima expresión de tu producto o servicio (Mínimo Producto Viable), te ayudarán a validar tu idea de negocio.

 

2. Identidad Corporativa.

Ahora que ya sabes que la oportunidad existe y es viable, el siguiente paso es concretar tu forma de trabajar y tu marca empresa.

Aquí lo importante es definir cómo sería tu empresa si fuera una persona. O, en otras palabras, que te mueve a la hora de trabajar (tu misión), cuáles son tus aspiraciones (tu visión) y tu filosofía de trabajo (valores y comportamientos).

Una vez que has concretado esto, debes plasmarlo en una marca corporativa que trasmita esta forma tan específica de hacer las cosas que acabas de definir. ¡Pero ojo! No vale sólo con plasmarlo en una marca comercial, también tiene que ser visible en todo lo que haga la empresa. Es decir, debe estar presente en publicaciones escritas, el diseño de tu tienda, el uniforme del personal, políticas de actuación de tus trabajadores, comportamiento ante las reclamaciones, técnicas de venta, soporte postventa…

Lo ideal aquí es ponerse en manos de un experto en identidad corporativa, ya que será capaz de dar con el nombre ideal para tu negocio, el logo y el resto de elementos necesarios para comunicar con coherencia tu propuesta de valor en el día a día de tu actividad empresarial.

Y es que, si has decidido abrir una tienda de diseño que se distingue por dar un trato exclusivo al cliente, no puedes poner carteles con ofertas escritas a mano ni ubicarla en un barrio obrero ni emplear trabajadores poco formados. Todo tiene que ser coherente.

 

3. Planificación.

Si quieres ser un negocio proactivo y de éxito, debes planificar todos los años nuevas acciones o iniciativas que quieres implementar.

Todo plan requiere tener una estructura bien definida que se compone de las fases de investigación, delimitar tu público objetivo (el plan puede ser para captar clientes, empleados, inversores, proveedores…), metas que quieres conseguir, una estrategia, acciones, designar un presupuesto o definir unos recursos y medir los resultados.

Y es determinante comprometerse con los objetivos que te propones y hacer que se cumplan, pues no servirá de nada si la planificación finalmente se guarda en un cajón.

Hacer que las cosas pasen será uno de tus retos diarios.

 

4. Visión global.

Todas las empresas (incluso las más pequeñas o comercios minoristas independientes) deben gestionar 4 áreas funcionales si quieren crecer. Finanzas, Operaciones, Marketing y Administración o desarrollo organizativo.

Si no hay un equilibro en la gestión de cada una de estas funciones, no estaremos realizando una gestión eficiente de nuestros recursos. Todas las tareas son igual de importantes pues todas influyen en la buena marcha del negocio.

Por tanto, debemos darle a cada área el peso e importancia que se merecen.

 

5. Reparto de roles y tareas.

Llegará un momento en el que dejes de “trabajar en” la empresa con el objetivo de empezar a “pensar en” la empresa.

Con la incorporación de nuevos colaboradores, encontrarás una oportunidad fundamental para pasar el testigo porque la cuestión es que no puedes hacerlo todo tú solo.

Aquí será determinante, elegir qué tareas encomendarás a otros y cuales te quedarás tú. El nivel de habilidad necesario para realizarla o el tiempo que conlleva, te dará la respuesta.

En este punto es de vital importancia definir el grado de autoridad y autonomía que tendrá tu colaborador a la hora de realizar las tareas que le encargues. Como norma general, intenta que estos dos componentes sean elevados para empoderar a tu equipo.

Cuánto más autoridad y autonomía tengan sobre determinadas tareas, ¡mejor! Así podrás dedicar más tiempo a otras tareas más ligadas al crecimiento de tu empresa.

 

6. Ejecución responsable.

Hasta ahora hemos hablado de coherencia, pero no hemos mencionado algo aún más importante. No faltar a la verdad.

Si eres auténtico, realista y responsable, entonces ofrecerás valor de una forma genuina y original. En cambio, si planificas acciones que están por encima de tus posibilidades, sin tener en cuenta los recursos disponibles, tu modelo de negocio actual, el entorno y demás circunstancias… no generarás la confianza que necesitas para que tu negocio crezca.

 

7. Visión a largo plazo.

El día a día del negocio no debe consumir todo tu tiempo porque así sólo estarás centrado en el corto plazo y descuidarás todo aquello que esté relacionado con el mañana.

Buscar un equilibrio entre el corto y largo plazo debe ser una de tus prioridades. Reinvierte siempre una parte de los beneficios en tu propio negocio, es la única forma de crecer orgánicamente y destinar recursos para que tu negocio genere aún más beneficios a largo plazo.

 

8. El cliente.

Seguro que has escuchado más de una vez que debemos poner el foco en el cliente si queremos que nuestra empresa crezca. Así es. Y esto no sólo significa escucharle y relacionarte con él para intuir su comportamiento de compra y así poder adaptar continuamente el negocio a sus necesidades.

Implica más que eso. Pues debemos actuar con el cliente de la misma manera que nos gustaría que actuaran con nosotros. Por ejemplo, debemos devolverle el dinero si quieres devolver un producto (en lugar de hacerle un vale) o incluso no venderle el producto si detectamos que en realidad no lo necesita.

9. Mejora continua.

Todo aquel que crece, lo hace porque elimina todo aquello que resta y se centra en los aspectos que suman.

Tener la mente fija en la optimización de cualquier aspecto de tu negocio tiene grandes ventajas pues implica que siempre estés buscando una mejor versión de lo que ya existe.

Significa que pienses en cada momento qué puedes hacer para solucionar algo o cambiar una situación que no te gusta o que es poco eficiente porque conlleva mucho tiempo.

10. Las personas.

Muchas veces pensamos en los intereses de la empresa y nos olvidamos de que está formada por personas que actúan como motor de la compañía.

Por tanto, debemos buscar un equilibrio. No vale obtener los resultados deseados si los has conseguido a costa de las personas. Porque, a la larga, te acabará pasando factura y será un freno para el crecimiento de la empresa.

Y tú, ¿has construido ya tu ventaja competitiva?

 

SI QUIERES RESULTADOS DIFERENTES, HAZ COSAS DIFERENTES

SI QUIERES RESULTADOS DIFERENTES, HAZ COSAS DIFERENTES

Si hay algo de lo que pueda presumir un empresario de óptica hoy día, es de las grandes oportunidades que tiene frente a sí de hacer algo diferente. La diferenciación es lo que ha permitido a las empresas más reconocidas en cualquier sector, encontrar esa posición destacada en su mercado y ganarse el reconocimiento y la confianza de los consumidores.

La diferenciación requiere convencimiento, determinación, atrevimiento y constancia, y por encima de todas ellas, confianza. Estas cualidades no son fáciles de encontrar particularmente en esta explosiva combinación, sin embargo están presentes en la mayor parte de los empresarios, esperando incorporarse a la fórmula magistral que funcionará a favor de sus objetivos de negocio.

Para llegar a combinar apropiadamente todos esos ingredientes, que conducen al éxito, dentro de una organización, es, en muchas ocasiones, muy útil el apoyo en un proceso de coaching, a través del cual abordar un cambio de cultura de empresa, de modelos de comunicación y colaboración, y acompañar esa transformación con un empoderamiento de las personas, motivando su compromiso y una nueva actitud más proactiva y más enriquecedora.

El coaching es una poderosa herramienta en la mejora continua de las personas, los equipos y las empresas, y particularmente en los momentos de cambio, ampliamente implementada en Estados Unidos desde hace años, y a la que cada vez más empresas están recurriendo en nuestro país para sus procesos de transformación.


“El coaching ayuda a desarrollar la capacidad para motivar y comprometer a los equipos”

– Lourdes Fernández de la Riva, Directora de RRHH de CORREOS.